Relecturas del Nuevo Cine Latinoamericano

Entre Ponerle y no ponerle y Huacho

Por Raúl Camargo B.

 
 

Casi al final de Entre ponerle o no ponerle (Héctor Ríos, 1971), una familia de clase trabajadora toma once en su hogar. Han superado el alcoholismo del jefe de hogar, y ahora el futuro se ve más promisorio.

Así el documental de Héctor Ríos se alinea con las políticas públicas de concientización de la población, dando cuenta de un flagelo que no sólo es un tema de salud pública, también lo es de producción nacional. El proyecto económico de Salvador Allende requería de un alto nivel de rendimiento de los trabajadores del país, los cuales ya no sólo eran parte del relato reivindicatorio del amplio frente social: ahora son parte fundamental de los destinos de la nación. Se producía así una interesante paradoja propia de los regímenes de orientación no capitalista: la identificación de un enemigo interno, el cual existía gracias al externo, aquel Imperio representado en Estados Unidos y las distintas oligarquías nacionales desplazadas por los gobiernos ‘del pueblo’. Y este enemigo interno era justamente todo lo que provenía de este Imperio y que afectaba directa y conscientemente el triunfo del camino socialista, despojando al ser individual de su carácter colectivo y dejándolo a merced del egoísmo propio de una ideología basada en el triunfo personal por sobre el social. La paradoja consiste en que la concientización didáctica está destinada justamente a procurar el triunfo económico, para asegurar la supervivencia del modelo.

Para lograr esto el documental militante se aleja de la épica romántica del trabajador, ya que dicha épica ya rindió sus frutos al momento de poner al obrero en el centro y en base a él articular un relato reivindicatorio que permitiese generar un frente social que a su vez permitiese el triunfo electoral. Con el poder político asegurado ahora es deber no aflojar, no permitir que la alegre resaca de la victoria se transforme en un desbande improductivo. Por tanto se instala la idea de que la victoria no está conseguida, y se denuncia a aquellos compañeros que justamente han sido incapaces de estar a la altura de las circunstancias. Pero esta denuncia no es a nivel de juicio político, es un juicio moral.

Entre ponerle y no ponerle pone su énfasis en el alcoholismo justamente porque era este flagelo uno de los que más mella hacía a nivel productivo. El alto ausentismo laboral debido al emborrachamiento y posterior resaca requería no solo de un plan de salud, sino de un esfuerzo que el propio Allende emprendió en base a discursos persuasivos en los principales centros productivos del país. Al trabajador se le necesita, pero se le necesita en el máximo uso de sus capacidades para lograr el triunfo definitivo.

El documental de Héctor Ríos se centra en un ‘chantao’, un trabajador que logra salir de su alcoholismo y en base a su testimonio se muestra a aquellos que no lo han logrado, esperándoles un amargo final. Lo interesante es el cómo se instala al enemigo externo que hace mella en el trabajador: emparentando el alcohol al brindis, y ese brindis a las celebraciones de las clases acomodadas. Serán justamente estas clases acomodadas las que utilizan el consumo de alcohol para adormecer al pueblo y someterlo a sus designios. Esto se refuerza con la imagen del pueblo trabajador produciendo el vino versus el pueblo trabajador padeciendo por el vino. La clase acomodada no padece, si festeja el triunfo de sus intereses, triunfo que los trabajadores están en condiciones de impedir.

El recurso didáctico implica marcar de manera sencilla y eficaz el mensaje. Ríos empleará la figura de los borrachos y a ese decadentismo opondrá los testimonios directos del ‘chantao’ y de una mujer con esposo alcohólico para demostrar la ruina en la que quedan sumidas las familias chilenas por culpa del trago. A estos testimonios se suma la contraparte científica, evidenciando a través de casos clínicos y sus diagnósticos el trágico fin que le espera a un alcohólico.

La crudeza del cuadro estriba en evidenciar, en no dejar dudas, para luego instalar la posibilidad de cambio individual que permita el cambio social. El borracho da pie al padre de familia responsable y al trabajador que en base a su esfuerzo y el de sus compañeros construye un Chile mejor.

Así la estructura de Entre ponerle y no ponerle tiene la lógica de los noticieros de propaganda, en donde se identifica al enemigo, se ven sus víctimas y se instala la posibilidad de triunfo en base a un pueblo que se une en base a un objetivo común. El documental finaliza con tomas de distintos trabajadores, de distintas edades y condición en su faena, mientras de fondo una canción articula la imagen y con su letra refuerza el mensaje de manera directa: por mi patria y mi pueblo hay que luchar.

Huacho (2009), largometraje debut de Alejandro Fernández Almendras, inicia con el amanecer de una familia campesina del sur de Chile. El desayuno de los cuatro integrantes del clan se emparenta con aquella once de Entre ponerle y no ponerle. Sin embargo los casi cuarenta años de diferencia entre una y otra dan cuenta también de los cambios suscitados en Chile.

Huacho se compone de las cuatro historias individuales de los integrantes de una familia cruzada por el factor económico y los signos de un progreso que a ellos ni siquiera roza, pero del cual forman parte. Así cada uno de ellos vivirá un conflicto ligado a una modernidad ya instalada en sus vidas pero asumida de manera muy distinta. Y esta modernidad implica un cambio en el sentir social, en donde el modelo económico triunfante es justamente aquel contra el que se luchaba en aquellos años sesentas y setentas, zanjando su victoria de manera aciaga con el fin del gobierno de la Unidad Popular y la muerte de Salvador Allende.

De los cuatro personajes de ‘ficción’ dos de ellos perfectamente podrían haber sido la pareja que toma once juntos en Entre ponerle y no ponerle. Cornelio y Clemira en Huacho ya están viejos, pero ambos deben seguir trabajando día a día para asegurar el sustento familiar, el trabajando la tierra y ella vendiendo quesos artesanales. Un trabajo informal que cada vez se hace más difícil, en donde ella verá como el valor de su producto baja debido a los constantes regateos de sus compradores. El cambio de sistema se evidencia al momento de romperse el acuerdo entre las compañeras vendedoras de queso, quienes sucumben ante la necesidad de la venta y a escondidas transan su producto a un valor inferior. Si Entre ponerle y no ponerle era un llamado al colectivo y la lucha, Huacho evidencia la derrota del sueño y el doloroso triunfo de una individualidad que debe sobrevivir para garantizar el bienestar del núcleo más próximo. Se desplaza la importancia del colectivo social por el núcleo familiar. El por mi patria y mi pueblo hay que luchar ya no encuentra cabida en una sociedad ligada a la lógica del consumo, en donde la única forma de zanjar el día a día es en la compra a plazo y el repactamiento de deudas.

Lógica asumida por Alejandra, quizás la niña de Entre ponerle y no ponerle, ahora convertida en madre y jefa de hogar, quien debe postergar sus sueños en pos del bienestar de su hijo, aunque inconscientemente lo esté hipotecando justamente con una compra a crédito que en algún momento ya no podrá absorber, por más que ahora le baste con devolver lo comprado para poder pagar lo debido. Clave es la solicitud de un nuevo adelanto de salario que Alejandra realiza a su jefa, la dueña de una suerte de centro de eventos costumbrista visitado por turistas extranjeros que buscan en él un Chile que dejó de existir hace años. La relación combativa expresada en el cine de la Unidad Popular en la temática empleado-patrón da pie aquí a un convenio mantenido en las buenas formas, en donde el empleador reta cariñosamente a su empleado por su desorden financiero, sin reparar que dicho desorden radica en la insuficiencia del salario recibido. El desplazamiento de las fuerzas vivas sindicales al trabajo informal-dependiente permite justamente al empleador el mantener el control, con un trabajador que sabe de la inestabilidad de su empleo y de la dificultad de conseguir otro.

El encuentro de generaciones tocadas de manera distinta por el cambio de modelo es una de las virtudes de la mirada establecida por Fernández Almendras. El director ya había trabajado esta temática en su cortometraje Lo que trae la lluvia (2007), en donde lograba una imagen síntesis de excepción: en pleno campo chileno, un niño absorto viendo televisión, mientras el reflejo de ésta se ve en el rostro del abuelo. Esta maestría formal se explaya en Huacho al oponer las vidas de Cornelio y Manuel. El niño asiste al colegio, en donde sus compañeros despectivamente le llaman ‘huaso’. Su única intención es jugar con el aparato electrónico que posee su compañero de curso (quizás la próxima y definitiva compra a crédito por parte de Alejandra). La mirada paternalista sobre la educación como soporte para la superación de la pobreza aquí no existe: el niño preocupado por jugar y su profesor más preocupado de sus propios asuntos.

La ausencia de paternalismos en Huacho se evidencia de manera directa con la ausencia de la figura del padre en la familia protagonista. El padre de Entre ponerle y no ponerle se ha ‘chantao’, y ese dejar de beber lo hace útil y valioso tanto para su familia como para un país con un proyecto socialista en donde la reivindicación del pueblo es el centro del programa de gobierno. Ese proyecto ha muerto, y por eso el ‘chantao’ de Entre ponerle y no ponerle es actualmente Cornelio, el abuelo de Huacho, quien ya no tiene las mismas fuerzas para trabajar y bebe indefectiblemente al finalizar cada jornada. En ese volver a beber está la renuncia de un país a sus sueños, mientras se recuerdan como viejas historias que ya ni siquiera los propios miembros de la familia escuchan con atención.

*Este ensayo es un adelanto de una investigación a ser publicada el próximo año, en donde películas emblemáticas de los nuevos cines latinoamericanos son puestas en diálogo con películas latinoamericanas contemporáneas.

 

 
Como citar:
Camargo, R. (2009). Relecturas del Nuevo Cine Latinoamericano, laFuga, 10. [Fecha de consulta: 2017-12-14] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/relecturas-del-nuevo-cine-latinoamericano/376