Más allá de la naturaleza. Prácticas y configuraciones espaciales en la cultura latinoamericana contemporánea.

Por Carolina Urrutia N.,

Biografía +

Carolina Urrutia Neno es académica e investigadora. Profesor asistente de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica de Chile. Doctora en Filosofía, mención en Estética y Magíster en Teoría e Historia del Arte, de la Universidad de Chile. Es directora de la revista de cine en línea laFuga.cl, autora del libro Un Cine Centrífugo: Ficciones Chilenas 2005 y 2010, y directora de la plataforma web de investigación Ficción y Política en el Cine Chileno (campocontracampo.cl). Ha sido profesora de cursos de historia y teoría del cine en la Universidad de Chile y la Universidad Adolfo Ibáñez y autora de numerosos artículos en libros y revistas.




 
 

El objeto de estudios por el cual transita este libro es el del espacio que aparece en las diversas prácticas artísticas latinoamericanas (literatura, cine y artes plásticas). En sus capítulos se van mapeando las categorías estéticas y geográficas en que el espacio se concibe y se piensa para la construcción de un pensamiento sobre el entorno, sobre el ambiente, sobre los contextos espaciales que giran alrededor de los sujetos y objetos que los ocupan.

Mas allá de la naturaleza. Prácticas y configuraciones espaciales de la cultura latinoamericana contemporánea, es un libro coeditado por Irene Depetris y Macarena Urzúa, académicas e investigadoras de Argentina y Chile respectivamente. En él se reúnen diversos artículos y ensayos que van explorando ciertos conceptos relativos al tópico principal: la naturaleza. Pero ingresan otros asociados, como los ambientes, los paisajes; también la cartografía, el mapa, el tránsito, el escombro, van apareciendo como modalidades de aterrizaje en un marco conceptual que es extenso y que ha sido estudiado desde disciplinas distintas. En su introducción las autoras compartirán con sus lectores el siguiente encuentro a modo de hipótesis, que va a cruzar varios de textos presentes en el volumen. Sugieren: “La lectura de diversas obras literarias y audiovisuales revela que, en la contemporaneidad la noción de espacio abierto que anteriormente era entendido como motivo identitario y principal escenario para las historias nacionales, tiende a adoptar otros alcances. En las últimas décadas, diversas expresiones culturales evidencian un impulso de volver a los ‘espacios abiertos’ desde una mirada intimista que, no obstante, da cuenta de las heridas infringidas por la represión de los regímenes dictatoriales y guerras civiles, así como también de las tensiones producto del avance de procesos ligados al capitalismo globalizado y sus dinámicas destructivas en materia ecológica y humana” (15). Depetris y Urzúa dialogan con el Tierras en trance de Jens Andermann y cruzan sus ideas tanto desde la perspectiva de la puesta en escena de la naturaleza en el arte latinoamericano, como también en relación al antropoceno y a la violencia del extractivismo en América Latina.

El libro contiene dos grandes unidades. Una primera parte se compone de artículos y ensayos que, en tono académico, van analizando diversos objetos culturales. Por ejemplo, sobre el desierto de Atacama, “Escrito sobre salares y empapados: narrativas y visiones del desierto chileno, superar la escritura del vacío”, Macarena Urzúa revisa objetos de la literatura y del cine chileno. A partir de Racimo, de Diego Zúñiga y El empapado Riquelme de Francisco Mouat, la autora explora la aparición del desierto y propone que “Descrito en numerosas ocasiones originalmente como un territorio despoblado, más tarde lo fue como una frontera natural, luego como una tierra para ser explotada y más tarde como paisaje. De este modo el desierto se hace presente en el imaginario nacional como un espacio fantasmagórico, extraño, dando lugar por estas características, a que lo impensado ocurra” (321). De repente el texto se escapa del campo literario para revisar también las obras en que el desierto ha sido filmado por el cine chileno. Se analizan, entonces, los filmes A la sombra de sol (Silvio Caiozzi y Pablo Perelman, 1974),  el documental Surire (Perut y Osnovikoff, 2015) en que los cineastas registran el salar altiplánico o Nostalgia de la luz (Patricio Guzmán, 2010).

Por otra parte, Betina Keizman trabaja en torno a la literatura y al cine, en “Ser bosque: letanías de la pérdida de sí” y vislumbra la aparición de “nuevos repertorios de formas de vida, frágiles y mutables, que tienden a la soledad y al aislamiento, adquieren impulso en la literatura y el cine contemporáneo” (101) para ilustrar su apuesta, estudia La libertad, ópera prima del cineasta argentino Lisandro Alonso –película paradigmática del Nuevo Cine Argentino– en conjunto con la novela Leñador de Mike Wilson en un análisis dialéctico que incorpora las dimensiones del sujeto y del personaje en el espacio. 

Irene Depetris Chauvin en su texto “Una poética del caminar. Desplazamientos, dimensión háptica y afecto en Andarilho” incursiona en esa película brasilera en relación al giro afectivo, término con el que ya había trabajado en su investigación anterior 1Afectos, Historia y Cultura Visual. Buenos Aires: Prometeo, 2019. Para Depetris “ciertas imágenes cinematográficas serían aptas para representar y restituir no solamente las características físicas de un espacio; también introducirían cierta lógica de lo sensible: la del afecto que emana de las experiencia de una geografía” (130). De ese modo propone una lectura de la obra de Cao Guimaràes en su filme Andarilho (Brasil, 2007) y el modo en que este captura la errancia, el pasaje, el tránsito, el movimiento como indicadores de un “estado existencial en la cual estamos llevados a la deconstrucción y a la re significación permanente” (136).

Por su parte, la investigadora Cynthia Francisca en su artículo: “Animalidad, restos y nostalgia en el arte visual de Nicola Constantino” analiza los modos en que la obra de la artista conceptual y fotógrafa argentina (situada en el espacio de la Pampa) hace evidentes las relaciones entre lo animal y lo humano a partir la idea de “visibilizar la cuestión animal como una problemática central de la contemporaneidad” (211) de ese modo analiza las estéticas disidentes propuestas por la artista. 

Un último ejemplo que quisiera revisar de esta primera parte es del texto que el académico Matías Ayala escribe sobre Zurita: “Espacios virtuales, paisajes nacionales e inscripciones monumentales en la obra de Raúl Zurita” en el que aborda la obra del poeta chileno desde los espacios de representación (término de David Harvey), para el autor “las sensaciones, afectos e imaginación a partir de lo cual la realidad se configura” (296). 

La segunda parte del libro es, a nuestro juicio y, en el contexto de las publicaciones académicas, sumamente valiosa, pues incorpora trabajos de diversos artistas latinoamericanos contemporáneos. Las autoras hacen una convocatoria a artistas que le conceden al paisaje un lugar preponderante dentro de su obra. Tal como resaltan, en los últimos años se ha visto un incremento de numerosos trabajos de artistas relativos a ciertos espacios latinoamericanos. El chileno Demian Schofp y el artista peruano José Falconi trabajan, por ejemplo en este espacio infinito del desierto chileno.

Este apartado incluye, por otra parte, un capítulo con fotogramas de las obras videográficas exhibidas como fotografías de movimiento apenas perceptible, de Gianfranco Foscino 2Locus, expuesta en el Museo de Artes Visuales de Santiago MAVI, en agosto de 2016. Tal como sugieren Depetris y Urzúa “las contemplativas visiones en tiempo real de la naturaliza salvaje refuerzan la estetización de ese espacio lejano, mientras la mirada estática, frontal, carente sonido es parte de una estrategia que, en un mundo híper-conectado y veloz, nos obliga a detenernos para explorar lo que ocurre en y con el tiempo”. 

También está presente en el libro la obra de Enrique Ramírez, artista audiovisual chileno, con su obra: De latitudes en portrait; Cruces sobre el mar y Los durmientes, realizadas en Chile y Francia en 2013 y 2014, obra en donde el mar y lo acuático tendrá un lugar preponderante o como señaña Depetris “en sus intalaciones fílmicas, objetos, dibujos y fotografías, el mar funciona como soporte de un viaje real y mental, donde se juega el tiempo, la memoria y la transformación personal (391).,

En esta unidad, entonces, se agrupan artistas de la región que trabajan con distintas materialidades y dispositivos de representación, unidos principalmente en el tópico de la naturaleza y el paisaje ocupando un lugar protagónico en el plano. Las fotografías de estos trabajos son acompañadas por textos breves escritos por los propios artistas o por investigadores de esta obra. A modo de ejemplo, el apartado de Tiziana Panizza se compone por tres fotogramas, impresos a color, de su película Tierra Sola acompañado por un texto breve de la cineasta  en que, en referencia a la cárcel de Isla de Pascua, se pregunta: “¿Dónde iría un fugitivo en la isla más remota del planeta?”, en un documental que trata sobre “la paradoja de la libertad en la isla más apartada del mundo” (412).

El libro de Depetris y Urzúa, se constituye entonces por incursiones estéticas, reflexivas, creativas, para pensar la naturaleza en el marco que de un arte contemporáneo visitado desde diversos medios de expresión de la América Latina contemporánea.

               

 

 
Como citar:
(2020). Más allá de la naturaleza. Prácticas y configuraciones espaciales en la cultura latinoamericana contemporánea., laFuga, 24. [Fecha de consulta: 2020-09-25] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/mas-alla-de-la-naturaleza-practicas-y-configuraciones-espaciales-en-la-cultura-latinoamericana-contemporanea/1030