Los años chilenos de Raúl Ruiz

Por Iván Pinto Veas

Biografía +

Crítico de cine, investigador y docente. Doctor en Estudios Latinoamericanos (Universidad de Chile). Licenciado en Estética de la Universidad Católica y de Cine y televisión Universidad ARCIS, con estudios de Comunicación y Cultura (UBA, Buenos Aires). Editor del sitio http://lafuga.cl, especializado en cine contemporáneo. Director http://elagentecine.cl, sitio de crítica de cine y festivales.


 
 

Tal como hemos venido planteando, el interés por la obra de Ruiz desde su fallecimiento se encuentra en alza, sumando año a año nuevas revisiones a aspectos particulares de su legado1Sobre esto ver la reseña del libro La naturaleza ama ocultarse. El cine chileno de Raúl Ruiz (1962-1975) http://lafuga.cl/la-naturaleza-ama-ocultarse-el-cine-chileno-de-raul-ruiz-1962-1975/987. Desde la publicación del estudio La Tristeza de los Tigres y los Misterios de Raúl Ruiz (Cortínez y Engelbert, 2011), la cuestión de revisar el período temprano de Ruiz ha venido siendo inquietud de diversas intervenciones entre las que cuento los libros Metamorfosis. Aproximaciones al cine y la poética de Raúl Ruiz (De los Ríos, 2019) y La naturaleza ama ocultarse. El cine chileno de Raúl Ruiz (1962-1975) (Navarro, 2019), acercamientos que, grosso modo, han encontrado en el período chileno contrapuntos importantes que tensionan las revisiones realizadas recientemente en Francia y España. A este interés creciente, y en un afán por aclarar y documentar diversas cuestiones de este período, se suma la reciente publicación de la periodista Yenny Cáceres, quien ya había desarrollado trabajos previos sobre la obra ruiciana particularmente en el libro El cine de Raúl Ruiz. Fantasmas, simulacros y artificios (De los Ríos y Pinto: 2010), donde reconstruía en un texto el proceso detrás del cortometraje La maleta (1963).

Siguiendo las pistas dejadas de este último trabajo, luego de una investigación de varios años, Cáceres se sumerge de lleno en los orígenes formativos y biográficos del Ruiz creador. Para ello no sólo entrevistó al cineasta antes de su fallecimiento (material incluido en el libro) sino también a varios testigos cercanos (Waldo Rojas y Valeria Sarmiento) y a diversas personas que tuvieron encuentros y roles decisivos en el trayecto creativo de Ruiz (Sergio Trabucco, Darío Pulgar, Pepe de la Vega, Antonio Skármeta, Luis Poirot, Cristián Sánchez, Nina Serrano, James Becket, entre muchos otros). Se suma a ello una investigación de archivo importante –de prensa de la época, libros y otros documentos– que ayudan a cotejar información. Una de las gracias de este libro es la posibilidad de aunar lo disgregado, otorgando información de la vida de Ruiz en el período 1960-1975. El itinerario del libro comienza con Ruiz joven e inquieto hasta que realiza su primer paso al cine con La maleta; revisa sus proyectos realizados e inconclusos durante la fase 1963-1969, para luego encontrar un desarrollo extenso del trabajo del cineasta en el período de la Unidad Popular, finalizando esto con su exilio y la realización de la que es considerada su última obra chilena del primer período Diálogos de exiliados (1975). El trayecto es similar al desarrollado por el libro de Sergio Navarro (2019), con la diferencia de que su aproximación busca seguir la trastienda formativa en vez del programa estético e intelectual. El Ruiz que encuentra Cáceres es un Ruiz más inestable, atento a contingencias para filmar, y ávido en asimilar conocimiento de los diversos contextos en que le tocó moverse.

La reconstrucción de Cáceres tiene un tono más contextual y urbano, se vincula a Ruiz con las transformaciones culturales y políticas del período; realiza un énfasis en lo formativo, mientras se traza su recorrido en distintos círculos literarios, teatrales y luego, cinéfilos y políticos. Geográficamente nos movemos entre Quilpué, Santiago, París, Buenos Aires, Santa Fe, Concepción e incluso Marruecos. A su vez, se muestra un cineasta movido por los afectos, la amistad y la noche, de la mano de quienes serían su grupo amistoso cercano, con nombres como Javier Maldonado, José Román y Luis Alarcón, a los que se retrata en postales de una vida nocturna perdida en los archivos bohemios de la nación.

En la primera parte del libro accedemos a un recorrido por el ambiente cultural de inicios de la década del sesenta y un inquieto escritor-dramaturgo que buscaba lugar entre Quilpué, Santiago y Concepción. Se descubre aquí su vínculo con el Taller de los Diez en Concepción, lugar de formación obligada para escritores a inicios del sesenta donde habían participado Jorge Teillier, Alejandro Sieveking, Enrique Lihn y Miguel Arteche entre otros. Aquí también se visualiza un período inicial del cual aún hay muchas hebras para profundizar: su promisoria carrera como dramaturgo, el que encuentra cierta fama con su pieza El niño que quiere hacer las tareas y encuentra una consagración en 1962 con la puesta en escena de dos obras (La maleta y Cambio de guardia) por la compañía Los Cuatro, conformada por los ya reconocidos hermanos Duvauchelle. Recrea también el paso a su primer cortometraje –filmado dos veces– fruto del encuentro con Sergio Bravo, así como una serie de proyectos truncados: El tuerto o El tango del viudo. Se registra así, el vínculo con un proyecto modernista y experimental, medianamente incomprendido en su contexto, pero valorado y situado a la par de los trabajos de Díaz y Sieveking, desde un polo modernista y absurdo.

Haciendo un corte hacia más adelante, con algunos proyectos fílmicos ya bajo el brazo, Cáceres enmarca de forma interesante el proyecto Que hacer? (1972), la coproducción chileno-norteamericana donde Ruiz trabajó en co-dirección con Saul Landau y Nina Serrano. Este episodio es, quizás, uno de los más interesantes y completos: se recaba no sólo información sobre cómo surgió el proyecto y quienes estaban involucrados, también el punto de vista de Cáceres se enmarca en el contraste entre los “hippies” norteamericanos que habían llegado a instalarse en nuestro país y los “jipis” locales, con menos tiempo de ocio que los primeros. Los roces con el conservadurismo de la época, en un Chile pueblerino aún que se escandalizaba con este curioso encuentro, abría una puerta a los agitados años de la UP. Se dibuja aquí esta obra compuesta por retazos a ratos contradictorios entre ellos, sin una unidad estilística, de la que Ruiz finalmente renegará, pero que se sitúa como un antecedente para lo que vendrá, un antecedente cuya “política” en el período de la Unidad Popular buscará refutar, en el ciclo que comienza con La colonia penal (1970) y cierra con El realismo socialista (1972). Un ciclo singularmente político que para la autora no debe confundirse con un Ruiz militante:

“Si La colonia penal es una sátira, La expropiación es la antítesis de la película militante, al poner en cuestión la reforma agraria, una de las más importantes del gobierno de la UP, mientras que El realismo socialista es un ejercicio más experimental, donde el registro de los obreros de una fabrica se contrapone con la ficción sobre unos poetas burgueses y militantes” (p. 136).

El trayecto trazado por la autora en las siguientes páginas configura un Ruiz que busca al interior del marco político de la UP  –con activa presencia en el Partido Socialista­– a un izquierdista que busca pensar el cine como herramienta de reflexión y contradicción, a contrapelo del cine de propaganda o ilustrativo, polémica que tiene origen en la ya conocida anécdota de Viña del Mar en 1969. El itinerario errático, con obras a medio terminar, filmando a como dé lugar, encuentra en Palomita blanca un salto –no escaso de accidente- a una producción de aspiración comercial (desde el punto de vista de los productores), que Ruiz desviará para sus propios fines.

Me gustaría comentar  otra sección del libro que da bastantes luces: me refiero al momento previo al golpe y su inevitable viaje al exilio. Aquí Cáceres levanta información sobre el proyecto Interferencia (1973) que ya se encontraba en marcha: una especie de thriller político guionizado por Luis Poirot, que se verá interrumpido por la intervención militar. También reconstruye los últimos intentos frustrados por estrenar Palomita Blanca por parte de Sergio Trabucco, su productor, hasta que la dictadura empieza a recrudecer. En las páginas que siguen, Cáceres reconstruye con una prosa eficaz ante lo que pudieron haber sido los últimos días de Ruiz,  hasta el vuelo que toma el 12 de octubre de 1973 junto a Antonio Skármeta con ayuda del cineasta Peter Lilienthal, vuelo que hace paso por África, luego a Alemania para terminar en París (no por voluntad del cineasta). Dos años después Ruiz estrenará en Pesaro Diálogos de exiliados, donde encontrará una mala recepción por parte de la izquierda chilena y latinoamericana (historia también reconstruida en detalle, en voz de Littín). Este será el comienzo de la leyenda francesa de la obra ruiciana.

Los años chilenos de Raúl Ruiz se trata de un libro imprescindible para quienes busquen comprender y enterarse de los atribulados años formativos de Ruiz en medio a las transformaciones políticas y sociales propias de las décadas del sesenta y setenta en nuestro país. Ilumina y reconstruye diversos períodos, abarcando su biografía y la idea central de un Ruiz afectado por su entorno y ambiente amistoso y cultural, narrado con una prosa efectiva, amable y directa, que busca poner a disposición la información y documentos que sorprenderán por la singularidad y particularidad del “caso Ruiz” en nuestra historia cultural. Para lectores-investigadores, aquí sí hay una crítica que puede hacerse: fruto del método más periodístico algunas de las referencias se pierden entre la cita bibliográfica o la primera fuente, siendo muchas de ellas parafraseadas, y volviendo difuso el hallazgo investigativo. Lo que a un lector más general no producirá molestia, si puede ser un detalle que pueda llegar a complicar a un lector más avezado. Esto mismo es algo positivo que redunda en el tipo de redacción desarrollada por la autora, y al tipo de público lector al que se dirige pues, en definitiva, no es un libro que busque ser académico, si no una investigación periodística que cruza géneros como la crónica, el reportaje y el ensayo, para dar cuenta de un retrato verosímil y datable de un Ruiz en contexto.

Bibliografía

Cortínez, Verónica. La tristeza de los tigres y los misterios de Raúl Ruiz. Cuarto Propio, 2011

De los Ríos, Valeria; Pinto, Iván. El Cine de Raúl Ruiz: Fantasmas, simulacros y artificios. Uqbar, 2010.

De los Ríos, Valeria. Metamorfosis: aproximaciones al cine y la poética de Raúl Ruiz. Santiago: Metales Pesados, 2019

Navarro, Sergio. La naturaleza ama ocultarse: el cine chileno de Raúl Ruiz (1962-1975). Santiago: Metales Pesados, 2019 

 

 
Como citar:
Pinto Veas, I. (2020). Los años chilenos de Raúl Ruiz, laFuga, 24. [Fecha de consulta: 2020-09-25] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/los-anos-chilenos-de-raul-ruiz/1037