Human Flow

Migración, infraestructura y violencia

Por Rudy Pradenas

Biografía +

Magíster en Estudios Culturales de la Universidad ARCIS. Candidato a Doctor en filosofía de la Universidad Diego Portales y la Universidad de Leiden y actualmente es estudiante del Doctorado en Lenguas Romance y Literaturas de la Universidad de Michigan


 
Resumen:

En este ensayo abordaremos el vínculo entre infraestructura y violencia a partir de los problemas planteados en el film Human Flow (2017) del artista visual y cineasta chino Ai Weiwei. Considerando el material cinematográfico que nos entrega el documental reflexionaremos sobre la proliferación de la violencia global contra los migrantes en las diversas fronteras que esta obra nos lleva a recorrer, poniendo énfasis en la función de las redes de infraestructuras que hacen posible el despliegue del poder económico-militar contemporáneo. La definición actual de la infraestructura, elaborada por una serie de autores que detallaremos a lo largo de estas páginas, es comúnmente comprendida como una red material esencialmente invisible que posibilita la circulación y el movimiento de productos, mercancías y cuerpos. Siguiendo el film de Ai Weiwei veremos una dimensión de la infraestructura en su función más violenta que se contrapone a esta definición usual. En el vínculo inherente entre el capitalismo y la guerra, su tarea primordial consiste en la producción fáctica de un mundo divido entre aquello(s) que pueden circular por sus carreteras globales y aquellos que son detenidos y expulsados. Detener y excluir las vidas excedentes del capitalismo es una tarea de la infraestructura anterior a la pura función de circulación de sujetos y mercancías.

 
 

¿Por qué no acuden, como siempre, los ilustres

oradores

a echar sus discursos y decir sus cosas?

Porque hoy llegarán los bárbaros y

les fastidian la elocuencia y los discursos”.

(Constantino Cavafis)

1. Introducción

En este ensayo abordaremos el vínculo entre infraestructura y violencia a partir de los problemas planteados en el film Human Flow (2017) del artista visual y cineasta chino Ai Weiwei. Considerando el material cinematográfico que nos entrega el documental buscaremos pensar la proliferación de la violencia global contra los migrantes en las diversas fronteras que esta obra nos lleva a recorrer, poniendo énfasis en la función de las redes de infraestructuras que hacen posible el despliegue del poder económico-militar contemporáneo.

La cuestión central del film son los desplazamientos humanos debido a la catástrofe de la guerra y las transformaciones climáticas en un escenario mundial tensionado entre los ultranacionalismos y los conflictos internacionales. Las naciones desarrolladas tanto de la Unión Europea como en el caso de los Estados Unidos, han acrecentado exponencialmente su inversión en tecnologías de vigilancias, en muros fronterizos y en movilizaciones de tropas para detener el avance de los flujos migratorios. El documental de Ai Weiwei nos ofrece una mirada sobre la dimensión de ese incremento logístico e infraestructural. Allí se explicita, por ejemplo, que en el año 1989 cuando cayó el muro de Berlín existían alrededor de once países que habían construido sus propios muros, pero al momento de realizar este documental en 2016, esa cifra se extendía hasta el número de setenta naciones que poseían nuevos muros y vallas fronterizas. Esto implica que uno de los elementos clave de nuestro análisis será la función de la infraestructura como la posibilidad material de frenar el impulso vital de los migrantes. Siguiendo los desplazamientos de estos grupos humanos y los obstáculos que se interponen contra la realización de sus deseos de encontrar un lugar mejor para vivir, veremos que por el contrario de la comprensión general de la “infraestructura”, que ha sido entendida como una red material que posibilita el movimiento de otros materiales, mercancías y cuerpos, esta posee un reverso violento que no se condice con la función de circulación que se le ha asignado.

Dicho por ahora de modo general, los autores que se han dedicado actualmente a indagar el problema de la infraestructura han recalcado dos elementos centrales que determinan su definición. En primer lugar, tal como veremos siguiendo a Paul N. Edwards y Bruce Robbins, la infraestructura se ha considerado como una red material y tecnológica esencialmente invisible que sostendría el desarrollo del mundo fenoménico. De este modo, la idea de una división entre el mundo perceptible y la infraestructura invisible que lo soporta es recurrente en las bibliografías sobre este tema 1En la sección tres “La infraestructura y la división del mundo” entregaremos algunos ejemplos específicos de estos argumentos. En segundo lugar, la infraestructura ha sido pensada como un trasfondo material cuya función central consistiría en posibilitar el movimiento y la circulación de materiales, sujetos y mercancías a escala global. Parafraseando a Brian Larkin en su artículo titulado “The Politics and Poetics of Infrastructure”, las infraestructuras son redes materiales construidas con la finalidad de movilizar bienes, personas o ideas y hacen posible su intercambio en el espacio. El film de Ai Weiwei, nos permitirá, en contraste, verificar que ambas determinaciones son imprecisas. Primero, respecto de la condición de invisibilidad, diremos que la infraestructura se presenta a la vez como invisible e inconmensurable 2Como veremos más adelante algunos autores le atribuyen incluso el poder de producir un efecto similar al sublime kantiano en los sujetos, debido a que estos autores la han comprendido desde una panorámica general y homogénea, es decir, sin contemplar la multiplicidad de sus funciones y las formas microfísicas de poder que estas entrañan. Dicho de otro modo, esta perspectiva general, que comprende la función de la infraestructura para el capital global como pura circulación, no permite visualizar los diversos modos de aplicación del poder que esta posibilita. De esta manera, al no advertir la forma microfísica de la violencia, la infraestructura aparece en estos análisis como imperceptible e inconmensurable 3Salvo algunas excepciones notables como los trabajos de Deborah Cowen en The deadly Life of Logistics. Mapping Violence in Glocal Trade y en “Infrastructures of Empire and resistance”, así como el trabajo Lauren Berlant en “The commons: Infrastructures for troubling times” el problema del vínculo entre infraestructura y poder en su dimensión microfísica no es analizado en profundidad por los autores del infraestructuralismo. El trabajo de estas autoras ha sido clave para mi propia comprensión de este vínculo.  En este sentido, si tomamos en consideración, por ejemplo, su utilidad en las fronteras contemporáneas nos percataremos que esta no es esencialmente invisible, muy por el contrario, como apreciaremos en el film Human Flow, las redes de muros, cámaras y torres de vigilancia cumplen un rol de disuasión visual contra el avance de los migrantes 4Tal vez en las fronteras más que en ningún otro lugar la infraestructura (los muros, las alambradas, las torres de vigilancia, las cámaras de seguridad) cumplen una función visual y espectacular, es decir, a parte de servir como barreras materiales que obstruyen el desplazamiento, son además mecanismo visibles de disuasión, es decir, parte de sus funciones es precisamente ser visibles. En segundo lugar, lo que veremos en esta obra cinematográfica es que la función central de la infraestructura no es, como han insistido estos autores, la pura circulación, sino la producción material de la distinción misma entre aquello(s) que puede(n) circular por sus rutas globales y aquellos que son frenados, detenidos y expulsados. En otras palabras, detener y excluir las vidas excedentes del capitalismo es una tarea anterior a la pura función de circulación de bienes, mercancías y sujetos.

En síntesis, en estas páginas siguiendo el trabajo cinematográfico de Ai Weiwei buscaremos comprender las formas en que la infraestructura es un elemento fundamental, no simplemente para la circulación de mercancías y sujetos, sino para el despliegue de la violencia económico-militar a escala planetaria. Si algo se ha sustraído efectivamente de las miradas de los individuos metropolitanos, que gozan de la infraestructura como parte de sus derechos de ciudadanía, es el detalle sobre los modos de aplicación de la violencia que la expansión de la infraestructura económico-militar hace posible contra aquellos que han sido expulsados tanto de las ciudades como de los marcos del derecho. Hanan Ashrawi, miembro del Departamento de Cultura e Información del Executive Commitee of the Palestine Liberation Organization (PLO) entrevistada por Ai Weiwei, señala que:

Ser un refugiado es mucho más que un simple estatus político. Una de las formas más generalizadas de crueldad que se puede ejercer contra un ser humano (…) es privarle de cualquier tipo de seguridad y de las necesidades más básicas de una vida normal. La de dejarle a merced de países de acogida poco o nada hospitalarios, países que no desean acoger refugiados. A ese ser humano se lo está despojando a la fuerza de todos los aspectos que hacen que la vida, además de ser llevadera, tenga sentido. 

Así también el doctor Cem Terzi miembro de The Association of Bridging Peoples se refiere al acuerdo firmado en 2016 entre la Unión Europea y Turquía para frenar a los migrantes:

En este acuerdo no hay nada que pueda favorecer a los refugiados. El sistema judicial de Turquía solo les permite la concesión de protección temporal, lo que significa que aquí no tienen ningún derecho internacional. Cualquier día el Gobierno puede decidir deportarles sin más. Y puede hacerlo porque no se les considera refugiados. No existe ningún derecho internacional para ellos.

Si por un lado, el derecho en su forma abstracta deja a estas vidas fuera de la protección de los marcos jurídicos, por otro lado, la logística policial y la infraestructura militar se encargan de expulsarlos efectivamente de cualquier forma de bienestar y seguridad material. Permitir ver y pensar estos problemas es unos de los aportes más relevantes que podemos apreciar en el cine documental y, en este caso particular, en la obra de Ai Weiwei. La capacidad de visibilidad que nos entrega este género cinematográfico, puede entonces funcionar como lo que Lauren Berlant ha llamado un glitch (falla), es decir, una interrupción en el mecanismo de circulación y comunicación de la infraestructura. Cuando una falla emerge entonces el sistema comparece ante nuestras miradas y nuestro pensamientos. Aquí, por supuesto, usamos el término glitch un tanto desplazado respecto de la propuesta de Berlant, ya que este documental no interrumpe el funcionamiento mismo de la infraestructura, sino nuestra relación y percepción usual de esta. La interrupción de la usualidad implica, para esta autora, una forma de política: “En algunos momentos de crisis como este, la política es definida por un sentido sostenido colectivamente de que ha aparecido una falla técnica (glitch) en la reproducción de la vida. Una falla es una interrupción dentro de una transición, una transmisión problemática. Una falla es también la revelación de un fracaso infraestructural” (Berlant, p.393)5La traducción de esta cita es nuestra. Aunque para Berlant la infraestructura es definida también desde el movimiento 6Véase “The commons: Infrastructures for troubling times”, 394, sin embargo, su lectura resulta más atenta al hecho de que esta se encuentra completamente integrada a la existencia a partir de una relación viva entre los sujetos y su forma de habitar el mundo, es decir, la infraestructura no es simplemente el substrato material invisible y anterior al mundo fenoménico, sino que en su propuesta no existe separación entre la forma de vida en-común y la infraestructura 7“(La infraestructura) es la mediación viviente de lo que organiza la vida: el mundo vivo de la infraestructura. Carreteras, puentes, escuelas, cadenas alimentarias, sistemas de finanzas, prisiones, familias, distritos, normas todos los sistemas que vinculan la proximidad en curso con ser en una relación que sostiene al mundo” (393). (La traducción es nuestra). De tal forma que la pregunta por la cuestión del poder emerge para ella de manera explícita:

El movimiento es lo que distingue a las infraestructuras de las instituciones, aunque la relación entre estos conceptos y materialidades es a menudo una cuestión de perspectiva. Las instituciones encierran y congelan el poder y el interés, y representan su legitimidad en el modo en que representan algo confiable en lo social, una predictibilidad en la cual lo social confía. Las instituciones norman la reciprocidad. En contraste, lo que constituye la infraestructura son los patrones, hábitos, normas y escenas de ensamblaje y de uso (Berlant, p. 403). 

En definitiva, en el film de Ai Weiwei veremos que por mucho que las esperanzas de buscar un mejor lugar donde vivir sea el impulso vital de enormes grupos humanos, cuya existencia cotidiana ha sido devastada en sus lugares de origen, su posibilidad de desplazamiento de una ciudad a otra o de un país a otro está sometida a una violencia de la infraestructura completamente desconocida por aquellos que podemos salir y entrar de los aeropuertos con los pasaportes timbrados. Sin embargo, que estos conflictos se hagan imperceptibles en la vida diaria de las metrópolis, no quiere decir que sean ajeno a nuestras existencias, ya que nos encontramos conectados con ellos a través de la misma red material que en un extremo permite el bienestar y la pseudo-seguridad y, por el otro extremo, descarga su poderío extrajurídico contra los cuerpos que considera indeseables.

2. Migración e infraestructura de la guerra

El film de Ai Weiwei está construido a partir de una serie de movimientos visuales entre las vistas generales desde las alturas y otras a ras del suelo. Por algunos momentos, esta obra nos hace observar desde el cielo como si estuviéramos montados en algún dispositivo de vigilancia aéreo y, en las secuencias siguientes, nos pone sobre la tierra y nos introduce entre los cuerpos, sus relaciones y gestos. De este modo, al comienzo del film observamos una toma aérea sobre el mar abierto, donde vemos emerger a la distancia y desde en una mirada cenital, los primeros indicios de vida humana en una pequeña embarcación repleta de migrantes. Esta secuencia inicial termina con una escena donde la cámara se encuentra sobre el suelo de la costa y avistamos la llegada de la misma lacha y el desembarco apresurado de los refugiados, asistidos por funcionarios de una ONG y por el propio Ai Weiwei. En las manos del artista chino, la cámara se mueve como si fuera la de un reportero que nos entrega las imágenes de un acontecimiento en vivo llenas de turbulencias, sonidos y materialidades opuestas a la toma inicial, impasible y silenciosa desde las alturas.

Este movimiento entre el cielo y la tierra no puede ser asimilado con la visión vertical y monolítica de la soberanía moderna, sino más bien, lo podemos vincular metafóricamente con la dimensión doble que articula la forma del poder contemporáneo. Esto significa que, como vemos en las imágenes iniciales del documental, este poder constituye una esfera elevada y global, pero esta sensación de inaprensibilidad se sostiene en las ramificaciones y la circulación del poder a nivel terrestre donde se inmiscuye en cada relación aplicándose de modo material y microfísico. Tal como señaló Foucault ya desde la década del setenta: 

Pienso que hay que analizar la manera cómo los fenómenos, las técnicas, los procedimientos de poder funcionan en los niveles más bajos, mostrar cómo estos procedimientos se desplazan, se extienden, se modifican, pero sobre todo cómo son investidos y anexionados por fenómenos más globales y cómo poderes más generales o beneficios económicos pueden insertarse en el juego de estas tecnologías al mismo tiempo relativamente autónomas e infinitesimales del poder (Foucault, 1979, p.145).

 Este film, en su desplazamiento global de un continente a otro y de una frontera a otra, en búsqueda de las extensas rutas migratorias y en su intromisión en el detalle material de la existencia de los migrantes, nos permite confrontar con claridad esta modalidad del poder que aún cuando se ejerce en nombre de los Estados (o lo que queda de ellos), ya no depende de una autoridad centralizada. Las reflexiones de Foucault son, en este mismo sentido, indispensables también para los estudios actuales sobre la infraestructura, que giran en torno a este mismo tipo de interrogantes, ya que la naturaleza global de este concepto requiere de un modo similar de examen irreductible a la definición moderna de la soberanía Estatal-nacional 8Véase la introducción (“The Citizenship of Stuff in the Global Social Factory”) del libro de Deborah Cowen titulado The Deadly Life of Logistics . Mapping Violence in Global Trade. Así es como podemos vincular desde ya la pertinencia del pensamiento sobre la infraestructura con el análisis de este film, cuyo problema central es la violencia de los desplazamientos humanos contemporáneos. Es a partir de este movimiento visual del film, entre lo global y lo microfísico, donde podremos percibir el ejercicio contemporáneo del poder corporativo-militar y la función indispensable de las redes de la infraestructura contemporánea.

Entonces, la violencia ejercida en las fronteras, cuya condición material es la logística y la infraestructura, ya no se reducen a una forma de autoridad Estatal-nacional, sino que corresponde al vínculo entre el poder de propagación trasnacional de las corporaciones privadas y la expansión de la lógica de la guerra por fuera de los marcos jurídicos modernos. La clave de este sistema ya no es tanto la protección de la soberanía nacional, como el paradigma de la seguridad que busca resguardar las ciudades y las rutas de circulación del comercio mundial más allá de las garantías de cualquier sujeto de derecho. Tal como ha escrito Deborah Cowen: “La democracia del trabajo en el nodo crucial de los puertos es una barrea para los proyectos actuales de seguridad que gobiernan a través de medios excepcionales, suspendiendo los derechos básicos de la ciudadanía y revocando las barreras establecidas entre el crimen y el terror, todo en el nombre de la seguridad de sistemas de suministros supranacionales” (Cowen, 2014, p. 126) 9La traducción de la cita es nuestra. Foucault nos enseñó que la introducción del concepto de economía en la racionalidad gubernamental moderna implicó que las ideas de seguridad y de gobierno sustituyeran a las de soberanía y de derecho 10La traducción de la cita es nuestra. A este respecto, Cowen agrega:

Foucault (…) declara que quiere examinar los “espacios de seguridad” como vitales para la constitución de formas políticas cambiantes (…). Observando una serie de planos históricos para el espacio urbano, Foucault afirma que la soberanía literalmente “capitaliza un territorio, planteando el problema mayor de la sede del gobierno, mientras la disciplina estructura un espacio y aborda el problema esencial de una distribución de elementos jerárquica y funcional, y la seguridad intentará planificar un entorno en términos de eventos o series de eventos o posibles elementos de series que tendrán que ser reguladas dentro de un marco multivalente y transformable”. (…) Melinda Cooper (2008) sugiere que la explicación de Foucault del surgimiento del urbanismo es prometedor porque se concentra “en la circulación en lugar de la localización del poder, pero además porque sugiere una genealogía del evento y su relación con la infraestructura (Cowen, pp. 191-92) 11La traducción de la cita es nuestra.

Si estos cuerpos chocan con las fronteras no es precisamente por un problema de soberanías nacionales, sino más bien porque son inútiles para los estándares globales del comercio y el consumo. Sin embargo, no son inservibles del todo para la producción y circulación de riqueza. Allí, detenidos e imposibilitados de continuar su marcha funcionan como la materia prima de la industria de la infraestructura de la seguridad policial y militar. Del mismo modo que todas las crisis de los conflictos posnacionales, la logística y la infraestructura de la policía fronteriza también es abastecida por corporaciones trasnacionales privadas.

En el documental, el primer sujeto que nos da noticias de su procedencia es un refugiado llamado Muhammed Hassan, que con un precario inglés nos cuenta que proviene de Saladino en Irak. La cámara, entonces, se eleva nuevamente y nos muestra su descenso, esta vez, sobre un campo de refugiados iraquí. Desde la altura vemos cientos de carpas descoloridas que se confunden con la tonalidad gris de la tierra y la extensión del desierto. Tras la invasión liderada por Estados Unidos en 2003, 268.000 personas murieron en conflictos violentos en Irak y más de cuatro millones de iraquíes han sido desplazados por la fuerza de sus hogares. El lente desciende entonces entre las personas que habitan el campo y nos muestra a dos mujeres que nos relatan que hace cuatro años han dejado su hogar, ya que en su ciudad de origen no dejaba de caer “una lluvia de misiles desde Jobar”. La película nos traslada ahora a las calles de una ciudad devastada y la cámara realiza un movimiento inverso a las secuencias anteriores, es decir, esta vez asciende desde las ruinas para darnos un panorama general del alcance de la devastación.

Para el vínculo inherente entre guerra y capitalismo la destrucción de ciudades y los desplazamientos humanos no significan ni una tragedia humanitaria ni una pérdida económica. Como ya dijimos los cuerpos de las caravanas de migrantes son la materia prima de toda una industria de la seguridad y sobre las ruinas de las localidades destruidas emergen nuevas redes de infraestructura urbanas que Cowen llama “ciudades logísticas”. Ella ha mostrado en su libro ya mencionado que la logística corporativa y militar se encuentran cada vez más entrelazadas. Por un lado, señala la autora, los ejércitos despejan el camino para el comercio corporativo y, por otro, las corporaciones apoyan activamente el despliegue bélico. Uno de los casos más notables que nos relata, fue la transformación del mayor campo de detención militar, situado en la ciudad de Basora, en una resplandeciente ciudad logística dedicada al comercio mundial de petróleo. Este centro de detención se encontraba al sur de Irak en una zona geopolíticamente muy relevante en las cercanías del único puerto de aguas profundas del país que por siglos lo conectó con el Golfo Pérsico. Hasta el 2010 este campo de detención había sido conocido como Camp Bucca, el centro de detención más grande de Estados Unidos en el territorio ocupado. Ese mismo año, la armada norteamericana realizó una ceremonia a través de la cual devolvía los 740 acres de Camp Bucca al “pueblo iraquí” (Cowen, p.167). Cowen relata entonces que la bandera americana fue sustituida nuevamente por la de Irak. Esto dio paso a la transformación del recinto en uno de los nodos fundamentales del comercio global del petróleo:

Camp Bucca, explicó el subcomandante general, se convertiría en la Ciudad Logística de Basora, y un “obsequio” de los americanos incluiría cien millones en infraestructura en el lugar (abarcando bodegas, caminos, sistemas avanzados de tratamiento de agua y alcantarillado, electricidad, instalación recreacional, una pista de aterrizaje de helicópteros y mil “unidades de vivienda modernas y bien mantenidas”). Además de esta infraestructura, Camp Bucca también cuenta con una berma de quince pies y docenas de torres de vigilancia. El mismo perímetro que contenía a los iraquíes y los sometió a abusos violentos es, de acuerdo con CNN (2012), “casi imposible de traspasar convirtiéndolo en un lugar relativamente seguro para los trabajadores”. Marcando las profundamente enredadas geografías del rudo comercio (rough trade), CNN explica cómo “los empresarios intentan convertir esta antigua prisión militar en un elemento clave de la búsqueda del sur de Irak para convertirse en un centro de negocios a lo largo de la nueva Ruta de la Seda” (Cowen, p. 165) 12La traducción de la cita es nuestra.

Desde esta perspectiva, la seguridad relativa de las ciudades no es otra cosa que una versión estabilizada de la relación entre la guerra y el capitalismo global.

Alrededor del minuto treinta de la película, una caravana de refugiados proveniente del oriente medio choca con las alambradas de la frontera entre el norte de Grecia y Macedonia. Paradójicamente estos migrantes, como lo muestra el film minutos antes, han caminado sin restricciones por los campos y han atravesado ríos donde no vemos ni puentes ni caminos que sostenga sus pasos. La infraestructura solo aparece para frenar su desplazamiento. Al llegar a este borde, la infraestructura emerge por primera vez con toda su violencia. Primero, vemos las extensas vallas y alambradas de púas, luego los militares con sus perros de presa aguardando al otro lado de la barrera, después los cuarteles, los helicópteros y los tanques. Los migrantes se instalan en un improvisado campo sobre las vías férreas de esta frontera. Los trenes cargados circulan lentos entre las carpas y los niños que juegan desprevenidos del peligro. Sergio Villalobos-Ruminott en un reciente texto titulado “El poema de la ex-istencia” se ha referido a este mismo linde entre Grecia y Macedonia a partir del documental de Niki Giannari titulado Des spectres hantent l’Europe y uno de sus poemas que lleva el mismo nombre que el documental. Idomeni es el nombre de esta estación de trenes mencionada tanto en el poema como en el film de la autora griega, así como también en el film de Ai Weiwei. Lo paradójico de esta escena decisiva, tanto para Giannari como para Weiwei, es que los trenes con mercancías circulan a través de la frontera mientras los sujetos se quedan detenidos sin poder continuar su marcha (volveremos sobre esta condición de detención más adelante para interrogar la relación entre infraestructura y circulación). Por un lado, entonces, los sujetos son atajados y expulsados, pero la guerra ha penetrado hasta el centro de todas las ciudades más protegidas. Esta llega contenida en la experiencia de aquellos que logran cruzar clandestinos, pero también llega como el núcleo secreto del valor de las mercancías que consumimos. Más aún, diría Foucault, la guerra está inscrita en el seno de nuestras instituciones nacionales y supranacionales: “No se escribe sino la historia de esta guerra aun cuando se escribe la historia de la paz y de sus instituciones” (Foucault, p.136) –señaló Foucault en una de sus clases del año 1976–.

La cara interna del poder se vincula con las decisiones institucionales (nacionales y supranacionales) y la externa se materializa en la aplicación directa de la violencia microfísica sobre aquellos que han sido expulsado tanto de sus hogares como de los marcos del derecho internacional. Nuevamente es Foucault quien nos recomienda comprender el problema del poder partiendo de su cara exterior: “Se trataba más bien de estudiar el poder allí donde su intención, si tiene una intención, está totalmente investida en el interior de prácticas reales y efectivas, y en su cara externa, allí donde está en relación directa e inmediata con lo que provisionalmente podemos llamar su objeto, su blanco, su campo de aplicación, allí donde se implanta y produce efectos” (Foucault, p.143). En el film de Ai Weiwei vemos con claridad la inversión de la famosa sentencia de Clausewitz llevada a cabo por Foucault en el mismo periodo en que reflexionaba sobre estas dos dimensiones del poder (interna y externa). Para el autor francés, en aquel momento, ya a mediados de los años setenta, no se trataba de que la guerra fuera la continuación de la política, sino que “el poder es la guerra, la guerra continuada con otros medios” (Foucault, 135). Esta inversión implica para Foucault al menos tres cuestiones. En primer lugar, “las relaciones de poder tal como funcionan en una sociedad como la nuestra se han instaurado, en esencia, bajo una determinada relación de fuerza establecida en un momento determinado, históricamente localizable de la guerra” (Foucault, pp. 135-36). Esto quiere decir de modo más preciso que el poder no hace cesar el conflicto para instalar una paz en la sociedad civil. En la aparente paz en que habitamos este no ha cesado, sino que “el poder político, según esta hipótesis, tendría el papel de reinscribir, perpetuamente, esta relación de fuerza mediante una especie de guerra silenciosa, de inscribirla en las instituciones, en las desigualdades económicas, en el lenguaje, en fin, en los cuerpos de unos y otros” (Foucault, p.136). En segundo lugar, “en el interior de esta «paz civil», la lucha política, los enfrentamientos por el poder, con el poder, del poder, las modificaciones de las relaciones de fuerza, las acentuaciones en un sentido, los refuerzos, etc., todo esto en un sistema político no debe ser interpretado más que como la continuación de la guerra, es decir, debe ser descifrado como episodios, fragmentos, desplazamientos de la guerra misma” (Foucault, p.136). En tercer lugar, “la decisión final no puede provenir más que de la guerra, de una prueba de fuerza en la que, por fin, las armas serán los jueces” (Foucault, p.136).

Esta forma de inscripción de la guerra en las mismas instituciones que prometen el reino de la paz y la seguridad, debe ser comprendida y analizada como algo que circula o, como ha señalado Foucault de modo más preciso, “como algo que no funciona sino en cadena” (Foucault, p.144). Este modo de funcionamiento hace imprescindible una reflexión sobre la relación recíproca entre el poder y la infraestructura, ya que esta última responde a la misma lógica de encadenamiento y de redes. Al interior de estas, insiste Foucault, “no sólo circulan los individuos, sino que además están siempre en situación de sufrir o de ejercitar ese poder, no son nunca el blanco inerte o consintiente del poder ni son siempre los elementos de conexión. En otros términos, el poder transita transversalmente, no está quieto en los individuos” (Foucault, p.144). La circulación entre los individuos se muestra claramente en el film de Ai Weiwei a través de un diálogo entre un oficial y un subalterno a cargo de resguardar la frontera entre Serbia y Hungría: “¿Cuándo acaba su turno?” –le pregunta un oficial a uno de sus subalternos que luce marcial sobre su caballo–; “A las 18:00 hrs.” –responde– “A las 18:00, vale” –Replica el oficial–; “¿Cuándo fue la ultima vez que viste a tu familia?” – pregunta el oficial– “La semana pasada” –responde el subalterno–; “¿Y cuando vuelves a casa?”– pregunta el oficial nuevamente– “En cinco días” –responde–; “Espero que no ocurra ningún incidente durante tu turno” –finaliza el oficial. Un incidente en el turno significa básicamente un inmigrante tratando de cruzar la frontera, sobre quien recaerá finalmente este poder que circula entre oficiales y subalternos quienes obedecen para poder volver a casa con un salario para sus familias –tal cual señaló alguna vez el mismo Foucault– ocurría con el maquinista del tren de Auschwitz.

Hasta este punto, hemos tocado una serie de elementos sobre la relación entre infraestructura y violencia a la luz del material fílmico que nos ofrece el documental de Ai Weiwei. Estos elementos van desde una comprensión del poder a la vez global y microfísica, así como las ideas de una cara interna del poder vinculada al discurso de las instituciones y otra externa en la cual la violencia se aplica en forma directa a partir de los funcionarios y las infraestructuras policiales y militares. Esta última, como ha quedado demostrado, es indispensable para el despliegue de la violencia en cada uno de sus niveles. Es en este punto, como señalamos antes, donde los problemas planteados por el film de Ai Weiwei sobre los desplazamientos forzados por las guerras económico-militares y el resurgimiento del odio xenofóbico de las grandes potencias, se vinculan con el pensamiento de la infraestructura. Estas formas de dominación no son posibles sin la logística y las redes de infraestructura que aseguren los suministros, las tecnologías, y el personal necesario. Tanto las ciudades destruidas como los cuerpos atrapados en los bordes son la materia prima de esta creciente industria mundial. Ahora bien, hasta aquí hemos encontrado además el material suficiente para comenzar a interrogar dos de las características centrales que han determinado la comprensión sobre el concepto de infraestructura, a saber, su condición invisibilidad y la función de circulación. A continuación, siguiendo con algunos fragmentos del mismo documental de Ai Weiwei, examinaremos más en detalles aquellas afirmaciones que han definido la idea de infraestructura a partir de su condición esencialmente invisible y han determinado su función principal a partir del movimiento y la circulación. 

 

3. La infraestructura y la división del mundo

Para la realización del documental Human Flow, Ai Weiwei recorrió veintitrés países, visitó cuatrocientos campamentos de refugiados y recopiló más de novecientas horas de material sintetizados en las dos horas y veinte minutos que dura su película. Estos veintitrés países visitados no se acercan siquiera a la mitad de los setenta países que solo en Europa, como nos deja percibir el mismo film, habían construido nuevos muros para el 2017. Esa sensación abrumadora que produce la visión de los viajes interminables siguiendo las caravanas migratorias y los campos, que va desde Siria a Grecia, desde África a Italia, desde Centro América y México a Estados Unidos, pasando por Macedonia, Hungría, Serbia, Tailandia, Malasia, Kenia, Jordania, Turquía, Líbano, Pakistán, Israel, Alemania, y otro número de lugares, produce un efecto de inconmensurabilidad de la lógica de dominación actual. Sin embargo, como ya hemos insistido, esta visión es contrarrestada en el mismo film por las secuencias en que la cámara se introduce en las relaciones capilares entre los sujetos para enseñarnos los efectos materiales y localizados de la violencia contra estas vidas.

Un sentimiento similar de inconmensurabilidad se produce cuando nos detenemos a reflexionar sobre las dimensiones de las redes de infraestructuras que son indispensables para el despliegue de este poder contemporáneo. Varios autores dedicados a pensar el problema de la infraestructura han señalado al mismo tiempo lo inaprehensible de su vastedad y su condición intrínseca de invisibilidad. Michael Rubenstein, Bruce Robbins y Sophia Beal en su texto “Infrastructuralism: An Introduction” se han referido a esta dificultad tanto de definición como de percepción de la infraestructura:

Lo que es original a lo que estamos llamando infraestructurlismo es una atención especial a las infraestructuras modernas, las cuales no son cosas fáciles de definir. Infraestructura quiere decir simplemente “debajo de la estructura”, eso es, las entrañas de una estructura que están ocultas por la superficie de la estructura o la fachada (Rothstein). Pero los geógrafos Stephen Graham y Simon Marvin usan la estructura para referir, más superlativamente, a “los artefactos tecnológicos mayores y más sofisticados nunca concebidos por humanos”. Un fragmento de Last Week Tonight de John Oliver, dedicado a la infraestructura la define primero a través de un inventario de ejemplos –“nuestras carreteras, puentes, represas, diques, aeropuertos, redes eléctricas”– y entonces, por la borradura –“básicamente cualquier cosa que puede ser destruida en una película de acción”  (Rubenstein, Robbins, y Beal, 2015, p.575) 13La traducción de la cita es nuestra.

A esta dificultad de definición se suma entonces una imposibilidad de percepción de aquellas redes materiales a las que refiere el concepto. Es en el espectáculo de la destrucción cinematográfica de la infraestructura donde esta se haría visible: “La infraestructura se supone que pasa desapercibida cuando funciona; destruirla es simplemente una estrategia para hacerla aparecer –representándola de una manera que pueda capturar nuestra atención y convertirla en un espectáculo propiamente dicho” (Rubenstein, Robbins, y Beal pp.575-76) 14La traducción de la cita es nuestra. Más aún, para estos autores la vastedad de las redes de infraestructura está más allá de los recursos de nuestra propia racionalidad. En sus palabras: “La infraestructura tiende a poseer el mismo efecto pasmoso que el sublime kantiano” (Rubenstein, Robbins y Beal, p.576) 15La traducción de la cita es nuestra. Otros autores de este campo han insistido en la invisibilidad de estas redes materiales a partir de la división entre el mundo fenoménico y un sustrato material que lo sostiene. Tal como ha escrito Paul N. Edwards: “La infraestructura es el trasfondo invisible, el substrato o soporte, medio ambiente tecnocultural/natural, de la modernidad” (Edwards, 2003, 191) 16La traducción de la cita es nuestra. En la misma línea, Bruce Robbins ha señalado: “(La infraestructura) no está iluminada artísticamente en una vitrina para la vista de todos, sino escondida de la línea de visión usual, de hecho, frecuentemente inaccesible para todos excepto para el personal autorizado –personal que aquí brilla por su ausencia (quizás porque los fondos se han agotado)” (Robbins, 2007, 26) 17La traducción de la cita es nuestra. La limitación que vemos en estos análisis consiste en considerar a la infraestructura como una esfera general y homogénea y, a la vez, escindida de los efectos microfísicos y materiales sobre la vida cotidiana. No se trata en nuestro argumento de confundir la infraestructura con el poder, sino tener presente que algunas de la precauciones metodológicas que Foucault planteó para su análisis del poder, pueden ser útiles también para salir de la limitación teórica que comprende a la infraestructura como inconmensurable e imperceptible e incluso, en algunos casos, inimaginable.

La narrativa visual del documental Human Flow nos ofrece la posibilidad de romper con esa comprensión en la medida en que, como señalamos antes, se construye a partir de tomas amplias y generales, algunas veces incluso abrumadoras, de los campos, muros y mecanismos de violencia militar y policial contra vastos sectores de la humanidad, pero también se adentra en las formas capilares de las prácticas de poder y sus efectos localizados sobre estas vidas. En este sentido, Foucault proponía un análisis ascendente del poder, comenzando desde un examen específico de la interrelación de las materialidades, las arquitecturas, los sujetos y los discursos. En sus propias palabras:

No preguntarse, pues, por qué algunos quieren dominar, qué buscan, cuál es su estrategia de conjunto; sino cómo funcionan las cosas al nivel del proceso de sometimiento, o en aquellos procesos continuos e ininterrumpidos que someten los cuerpos, guían los gestos, rigen los comportamientos, etc. En otras palabras, antes de preguntarse cómo aparece el soberano en lo alto, intentar saber cómo se han, poco a poco, progresivamente, realmente, materialmente constituido los sujetos, a partir de la multiplicidad de los cuerpos, de las fuerzas, de las energías, de las materialidades, de los deseos, de los pensamientos, etc (Foucault, p.143).

A esto le llamaba un “análisis ascendente del poder”. Este método es diferente de la afirmación general que dice que hemos entrado en un estado de excepción generalizado. Sin duda la suspensión de derechos es cada vez más efectiva a nivel global y los efectos de las guerras actuales también consisten en borrar la diferencia entre lo civil y lo militar, pero esa afirmación (la del estado de excepción) sigue siendo un caracterización descendente y centralizada que no permite una comprensión de los mecanismos específicos mediante los cuales el poder se ejerce en su multiplicidad de niveles. Para Foucault, este no debe ser visto a distancia, como una imagen masiva y homogénea, sino que hay que operar justo a la inversa de lo que Hobbes quiso hacer en su Leviatán. Si por un lado, para el pensador inglés el problema era “saber cómo, a partir de la multiplicidad de los individuos y de las voluntades, puede formarse una voluntad única, o mejor, un cuerpo único, accionado por un alma que sería la soberanía” (Foucault, p.143), en contraste, para el autor francés se trataría de:

No hacer una especie de deducción de un poder que arrancaría del centro e intentar ver hasta dónde se prolonga, hacia abajo (…) hasta los elemento moleculares de la sociedad. Más bien se debe hacer un análisis ascendente del poder, arrancar de los mecanismo infinitesimales, que tienen su propia historia, su propio trayecto, su propia técnica y táctica, y ver después cómo estos mecanismos de poder han sido y todavía están investidos, colonizados, utilizados, doblegados, transformados, desplazados, extendidos, etc., por mecanismos más generales y formas de dominación global (Foucault, pp.144-45).

Lo que proponemos en definitiva contra las limitaciones de las investigaciones sobre la infraestructura que lo considera inaprehensible, invisible o incluso inimaginable, es que al igual que Ai Weiwei introduce su cámara en las materialidades mínimas y los efectos sobre los cuerpos de la violencia contra los migrantes y así como Foucault propone un análisis ascendente del poder, en el cual hay que comenzar por los mecanismos infinitesimales de la dominación, la infraestructura debe ser abordada de modo tal que su análisis se haga cargo en primer lugar de sus funciones imperceptibles, inaparentes y ordinarias sobre la vida de los sujetos. Esto nos permitiría salir tanto del discurso de su inconmensurabilidad e invisibilidad, así como de la fantasía negativa de hacerla visible a partir de su pura destrucción espectacular y hollywoodense.

Hay un segundo elemento que ha caracterizado la definición de la infraestructura y que es posible cuestionar a partir del film de Ai Weiwei. Esta consiste en comprender su función central a partir del movimiento y la circulación. Como ha señalado Lauren Berlant en su ensayo “The commons: Infrastructures for troubling times”: “una infraestructura se define mediante el uso y el movimiento” (Belant, p.193) 18La traducción de la cita es nuestra o, de modo más extenso, Brian Larkin en su artículo titulado “The Politics and Poetics of Infrastructure” ha escrito: “Las infraestructuras son redes construidas que facilitan el flujo de bienes, personas o ideas y permiten su intercambio en el espacio. Como formas físicas, constituyen la naturaleza de una red, la velocidad y la dirección de su movimiento, sus temporalidades y su vulnerabilidad a la ruptura. Ellas constituyen la arquitectura para la circulación, literalmente proporcionan el soporte de las sociedades modernas y generan el entorno ambiental de la vida cotidiana” (Larkin, 2013, p.238) 19La traducción de esta cita es nuestra. Podemos añadir aquí este otro pasaje de Larkin: “Las infraestructuras son materiales que hacen posible el movimiento de otras materiales” y también a Mattelart citado por el mismo Larkin: “La infraestructura tiene sus raíces conceptuales en la idea ilustrada de un mundo en movimiento y abierto al cambio, donde la circulación libre de bienes, ideas y personas creó la posibilidad de progreso” (332). En contraste con estas definiciones, en el film de Ai Weiwei vemos que cada vez que emerge la infraestructura es precisamente para frenar el movimiento y detener los cuerpos 20En el año 2016, nos cuentas este film, “la Unión Europea y Turquía llegaron a un acuerdo para detener el flujo de refugiados. La UE ahora podría devolver a los refugiados a Turquía a cambio de prometer a Turquía 6 mil millones de euros en ayuda y viajes sin visado a Europa”.  A partir de la hora exacta de película vemos el modo en que la infraestructura es fundamental para cumplir el acuerdo cuando la policía en la frontera se lanza a destruir el campo de refugiados al costado de los muros y las alambradas. Casi llegando a la mitad de la película, esta nos traslada de vuelta a Idomeni, ahí resurge la imagen del tren que cruza las fronteras cargando productos y mercancías mientras los refugiados son detenidos. En el film de Ai Weiwei un enorme tren de carga avanza lento arrastrando un sinfín de containers, mientras una mujer que vive en un carpa de campaña bajo un puente del ferrocarril nos dice: “Me encantaría ver a los líderes pasar una noche aquí. Una sola noche a ver si son capaces de dormir en estas tiendas de campaña. ¿Soportarían todo este sufrimiento? Serpientes, lagartos, arañas… Aquí hay todo tipo de criaturas. Además enfermedades contagiosas. Fiebre y diarrea. Cada vez que veo un tren pasar, le pregunto a Dios si podremos irnos de aquí algún día. Todos los días me pregunto en qué lado amaneceremos”. De este modo, la infraestructura ferroviaria que parece definir el modo de circulación moderno por excelencia ha devenido, a su vez, un espacio de detención. Los refugiados ya no pueden seguir avanzando, pero volver tampoco es una opción para ellos. La división del mundo entre aquellos que pueden circular y aquellos que no pueden, determinada materialmente por la infraestructura y los funcionarios que se sirven de ella, es evidente en esta escena.

La infraestructura no es simplemente la arquitectura y la tecnología de la circulación de la vida moderna, sino que su función central es producir la forma efectiva y material de un mundo dividido entre las mercancías y sujetos que pueden circular y aquellos que son detenidos y expulsados. La infraestructura tiene una doble cara que viene inscrita en la etimología misma de la palabra y que ninguno de los autores mencionados se ha detenido a considerar en profundidad. En ella, el prefijo infra señala aquello que está por debajo, esto le otorga el carácter de “invisible” en el que han insistido diversos autores (como ya vimos esta condición de invisibilidad es solo posible en la medida en que obviemos el problema del poder y los efectos de la infraestructura sobre las formas de vida), y este prefijo se vincula con la palabra latina structus que quiere decir construido y amontonado y que es participio del verbo struere que significa tanto juntar como amontonar. En este sentido, la “infraestructura” tiene relación con las acciones de “construir” y también con “obstruir”, como por ejemplo, construir muros y obstruir el paso o el desplazamiento. 

Estas notas sobre migración, infraestructura y violencia a partir del film Human Flow de Ai Weiwei, requerirán sin duda una profundización posterior para examinar la condición ex-istencial de las migraciones contemporáneas. El término ex-istencia (con guion) lo tomo prestado del trabajo ya mencionado de Sergio Villalobos-Ruminott, quien ha escogido alterar la escritura de este adjetivo para resaltar el prefijo ex de la palabra, que implica la condición de exterioridad y afuera.  Esta condición se expresa en la extranjería más radical de los migrantes-refugiados. Ellos, exentos de cualquier noción de ciudadanía, privados tanto de derechos como de alguna pertenencia nacional, “indescifrables e inefables, hablantes de una lengua ininteligible” (Villalobos-Ruminott, p.7) son “amontonados en sus calles laterales” (Villalobos-Ruminott, pp.7-8). De este modo, el guion que rompe el significado compacto y homogéneo de la palabra “existencia”, nos lleva hacia la idea de una “condición exílica, impropia, su arrojo al mundo en la sociación incalculable del ser en el mundo con otros (…) allí donde la ex-istencia es movimiento o potencia destituyente, nunca mecanismo de clausura o consolidación de un nosotros ya siempre inmunitario” (Villalobos-Ruminott, p.15).

Entonces, así como escribimos ex-istencia con guion deberíamos escribir también infra-estrucura con guion, con el fin de que la partícula structus (amontonado, construido) que nos vincula con el obstruir (también del verbo latino struere), nos permita distinguir a la “infraestructura” en su comprensión general y homogénea para el capital global (es decir, como pura circulación) de la “infra-estructura” en su función policial central en la actualidad, a saber, amontonar, obstruir y detener el movimiento de los cuerpos que buscan un nuevo destino donde sobrevivir 21En otra ocasión debiéramos analizar esta posibilidad de obstrucción y amontonamiento desde el punto de vista de la emancipación, por ejemplo, en las acciones llevadas a cabo por el movimiento Occupy, que aglomera los cuerpos disidentes en la infraestructura urbana con el fin de interrumpir la lógica de circulación interna a las ciudades.  

 

 

Bibliografía

 

Berlant,Lauren (2016). “The commons: Infrastructure for troubling times” en Environment and Planning D: Society and Society, Vol. 34(3), pp. 393 - 419

Foucault, Michel (1979).  Microfísica del poder, (Julia Varela y Fernando Alvarez-Uría, Trads.). Madrid, España.: La Piqueta.

Cowen, Deborah (2014). The Deadly Life of Logistics. Mapping Violence in Global Trade. Minneapolis, EE.UU.: University of Minnesota Press.

Rubenstein, Michael, Robbins, Bruce y Beal. Sophia (2015). “Infrastructuralism: An Introduction”. MFS Modern Fiction Studies, Vol. 61, pp. 575-586.

Edwards, Paul N. (2003) “Infrastructure and Modernity: Force, Time, and Social Organization in the History of Sociotechnical Systems”. En Thomas J. Misa, Philip Brey y Andrew Feenberg (Eds.). Modernity and Technology. Massachusetts, EE.UU.: The MIT Press. (pp. 185-227)

Robbins, Bruce (2007) “The Smell of Infrastructure: Notes toward an Archive”,  Boundary 2: an International Journal of Literature and Culture, vol. 34. pp 25-33.

Larkin, Brian (2013). “The Politics and Poetics of Infrastructure”. The Annual Review of Anthropology, Vol. 42, pp. 327–43.

Villalobos-Ruminott, Sergio (2019). “El poema de la ex-istencia” en Ficción de la Razón (https://ficciondelarazon.org/2019/01/23/sergio-villalobos-ruminott-el-poema-de-laistencia/?fbclid=IwAR3Yi3greg7Lvw58xea_rRPKYeTF2t0wGSoJP8D7XJYJlIjE1ssRVJOAqKc).

 

 

 

 
Como citar:
Pradenas, R. (2020). Human Flow, laFuga, 23. [Fecha de consulta: 2020-05-30] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/human-flow/971