Entrevista a Jonathan Rosenbaum

Por Roberto Doveris y Víctor Cubillos

 
 

Fotografía de Dolores Sanchez.

Invitado al jurado del Festival de Valdivia en su versión 2007, el crítico norteamericano Jonathan Rosenbaum se da unos minutos para reflexionar junto a laFuga sobre el actual estado del cine y cómo ha evolucionado la industria con la inserción de nuevos soportes, principalmente el rol de Internet y la posibilidad de instaurar una nueva forma de crítica cinematográfica más periférica.

laFuga: Para iniciar la entrevista y ya que el tema está sobre el tapete, ¿Podrías hablarnos sobre la diferencia entre periodismo cinematográfico y crítica de cine? Es una cuestión que en Chile tiene bastante relevancia debido a que prácticamente estamos frente a un predominio sustantivo del periodismo y un decreciente trabajo teórico respecto al cine.

Jonathan Rosenbaum: Creo que es un problema no sólo chileno, sino que ocurre también en todo el mundo. La mayoría de los países están viviendo la dictadura de las grandes compañías y tiene que ver directamente con el poderío de estas compañías productoras tienen sobre los medios de comunicación. Las compañías tienen interés en los periódicos porque les sirven, ya que pueden utilizarlos como publicidad, mientras que la crítica no funciona de esa manera. Y esto porque el periodismo se dedica a decir qué es el film, pero la crítica es un razonamiento sobre dicho producto.

Hoy en día se da una situación particular porque, antiguamente si algo estaba escrito existía irremediablemente: si el diario lo dice, es real. Hoy se da una situación diferente: una de las cosas buenas de Internet es que genera más espacio y más libertad para escribir. Yo he sido muy afortunado porque tuve la oportunidad de poder ser publicado durante 20 años, sin embargo en el futuro la crítica estará fuertemente desligada del papel, tendrá un carácter virtual. En general todo está proliferando en Internet, también las entrevistas y otros tipos de textos muy interesantes, incluso más de lo que puedes encontrar en los diarios. Por ejemplo, mi revista web favorita es www.rouge.com.au , una página australiana que posee textos traducidos desde varias lenguas, de varios tipos de crítica. Es una página muy sofisticada, me recuerda a las revistas de los sesenta.

Por eso te digo que ya no es tan totalizante el papel del periódico, porque en Internet puedes ver otras alternativas, y además está en todas partes. Por ello hay acceso a los mismos dvds en valdivia o en Santiago, con igual calidad, es de cierta manera horizontalizar el espectro del público. Quizás un tiempo luego no existan salas de cine, sino que películas de living room, dvds, no sé. Eso ya es ir más lejos, pero sin duda puede ocurrir.

lF: Respecto a eso ¿qué piensas de la acumulación de información, de la cantidad de películas que se producen hoy en día? Tal vez esto a veces baja la calidad de la imagen, por ejemplo: cuando se bajan de Internet, y además lo percibes de otra manera, etc.

J.R.: Bueno, es cierto… pero es muy difícil discernir el problema desde un punto de vista. Piensa en cuando se proyectan dvds en salas de cine. Incluso a veces es mejor mostrar un buen dvd que una mala película, ¿no?

Y respecto a la acumulación de productos visuales, con Internet hay más cosas en general; hay más cosas buenas y más cosas malas también, no necesariamente se trata de una pérdida de calidad. El asunto es que uno debe ser muy egoísta y buscar lo que se acomoda a tus gustos, ese es el mejor filtro.

He podido conocer varias revistas de crítica de cine, muy sofisticadas todas y eso me da muchas esperanzas. Aunque no sean muchas las personas que estén detrás escribiendo, no importa mucho porque en definitiva la historia va tomando rumbos diferentes por esas pocas personas que toman una iniciativa. Así se podrán hacer cambios serios. No hablo de millones de personas, al contrario.

En general los grupos que producen cambios históricos son cercanos, son grupos de amigos (como la Nouvelle Vague). Hoy, por ejemplo, la Internet funciona como un puente que permite que creadores de varias partes del mundo se comuniquen y vayan refrescando su trabajo.

lF: Sin embargo, mencionando la Nouvelle vague, habría que considerar que ellos tenían efectivamente bastante prensa, había un publico que los comprendía.

J.R.: No creo, no estoy de acuerdo. Si te das cuenta las intenciones del grupo no fueron comprendidas inmediatamente. En las revistas mas sofisticadas no siempre la Nouvelle Vague fue bien interpretada. Por ejemplo decían que los actores improvisaban y no era verdad. No siempre pudieron captar todos los conceptos, y aunque hubiesen trabajos escritos (Cahiers) las personas no entendían lo que leían, sólo después de un tiempo logran entender más cabalmente.

En general la gente no recuerda una mala o una buena crítica, sino que recuerdan la pasión de quién la estaba escribiendo.

lF: Pero tarde o temprano son reconocidos, ¿no?

J.R.: No sé…

Robert Bresson en los cincuenta era una payasada para muchas personas, y no eran pocas. No era gente tonta: para personas que tenían gustos importantes Robert Bresson era un payaso, no como hoy día que es considerado un artista. Y eso pasa también con otras personas, no logran ser comprendidas, como Roberto Bolaño, por ejemplo.

En definitiva algunos periodistas van a ser siempre periodistas… no nos podemos preocupar si las personas comprenden las cosas que se están haciendo o no. Así como no podemos esperar que todo el mundo esté interesado en tus cosas.

lF: Pero en cierta forma tu pluma ha tenido mucha acogida. Escribiste un libro sobre las políticas hollywoodenses, cuéntanos sobre eso…

J.R.: Creo que la idea misma de política hollywoodense puede llegar a ser engañosa porque supone y habla de una audiencia. Hoy en día la gente dice que la industria está mala y se le hecha la culpa a la audiencia, pero es un sin sentido porque nadie puede saber qué es lo que quiere la audiencia.

No hay cómo saberlo porque ni la audiencia sabe lo que quiere; hay una supuesta metodología para poder definir esos criterios pero yo creo que no es efectiva. Hacen una especie de gráficos con el marketing y con las ventas, pero no es una ciencia perfecta porque si lo fuera las películas nunca fracasarían, y eso ocurre todo el tiempo. Y este sistema se mantiene así porque son los estudios y las grandes casas productoras quienes manejan los propios análisis: ellos han decidido qué es lo bueno y lo malo y su palabra se ha determinado como la ley, y en ese sentido son pocas las personas que quieren pronunciarse en contra ese imperio. Por ende las publicaciones dependen de estos estudios, dependen económicamente de ellos y también para poder subsistir materialmente. Trabajan juntos, conversan e incluso pueden manejar la información, determinar qué es lo que se va a opinar del film.

Por ejemplo, si Vanity Fair hiciera un artículo sobre una nueva película, es el estudio el que elige las fotos comerciales y los puntos de interés, ni siquiera el editor tiene mucho que opinar porque como te decía, económicamente dependen de ellos.

Y es una cosa absolutamente incierta. Sin ir más lejos está claro que consumir un producto no significa necesariamente que sea lo que la gente quiere.

Creo que las películas circulando son producto de los estudios que las hacen circular, en orden a si obtendrán ganancias, etc.

Por ende mi libro quería cuestionar ese régimen, y podría llegar a decir que es el más popular de todos mis libros. Ha tenido muy buena respuesta y esto ha sido solamente porque la gente escuchó sobre el libro, ya que donde fue publicado es una casa editora bastante modesta y no había para publicidad. Incluso así tuvo más de 120 artículos de la prensa sobre él.

lF: Hay una diferencia entre políticas de Hollywood y películas de Hollywood. Cuando hablamos de Hollywood en general se tiende a la descalificación, pero también hay películas buenas.

J.R.: Claro, de hecho hay películas muy buenas. Sin embargo hoy en día están peores que en los ‘20, ‘30 y ‘40. Los estudios antiguos, del primer Hollywood quizás y hasta hace varios años eran manejados por gente, que en última instancia gustaban del cine. Aunque fueran vulgares o simples supongo que eran mejores porque amaban el cine. Creo que actualmente estamos frente a una industria que no ama el hacer películas, y tampoco aman a las audiencias. Intentan darle a la audiencia lo que quiere, pero todavía no tenemos idea de cómo comprobar qué le gusta a la gente. Que consuman la película no significa necesariamente que les guste.

lF: ¿Qué crees tú de los estudios de la academia?

J.R.: Y estoy un poco decepcionado con la academia. No creo que mis libros hayan surgido desde allí porque la academia se ha limitado a discutir ciertos productos y otros los ha dejado pasar. Yo creo que los canon son importantes… los cánones son formatos de películas que funcionan económicamente.

Incluso cuando hay un punto de vista académico de estos productos, los académicos por ser tal dicen que no van a referirse a estos productos. Intentan ser parciales, pero a la larga igual los textos que producen están faltos de un punto crítico.

Sin embargo un artículo debiese poder dar cuenta de un lenguaje cinematográfico y enjuiciarlo. Y para enjuiciarlo también hay que hablar del canon.

Creo que el punto es que, hoy en día, habiendo tantas opciones de películas, la gente lee mucho menos sobre ellas. Cuando yo empecé, en los cincuenta, incluso las peores películas eran comentadas y yo leía sobre ellas.

Hoy la crítica concuerda demasiado con las películas… eso me daba mucha rabia, por ejemplo, cuando la crítica alabó films que tenían tan poca calidad cinematográfica, es por ello que escribí mi propia lista con las 100 mejores películas. Entonces me decidí a ir más lejos y extender esa lista a 1.000 películas. Espero que salga en español este año.

Y me gustaría mucho porque en verdad estuve enfadado con la elección de las 100 mejores películas en donde no figuraba ninguna película independiente, ningún documental, etc. Eran sólo productos de la propaganda Hollywoodense. Era una elección absolutamente corrupta. Creo que lo más terrible de todo es que se legitime esa actitud. Incluso recomendaban ediciones de las películas que ni siquiera eran las mejores, sino que eran las que ellos querían vender. Había un artículo sobre este libro en las páginas centrales del New York Times, por lo que se concluye que a pesar de que son las compañías quienes guían esta elección, se le trata de vender al público el libro como si fuese realizado desde la crítica. Se hace pasar como cultura, pero sin duda no es así, es marketing.

Se está promoviendo una cultura no heterogénea (“plant culture”) en todo nivel de cosas: actualmente la gente no es educada para poder decidir que es lo que quiere consumir. La mayoría de los films que están en el cine actualmente no tendrían, de seguro, muy poca audiencia si se enfrentasen a un público un poco especializado en la materia. Pero las personas solo se enteran por televisión y por medios de comunicación tradicionales, es un círculo vicioso.

lF: ¿Y cuál sería la opción entonces?

J.R.: Internet, por ejemplo. Además, hay otra maneras de circulación como el boca a boca. Y esto ocurre incluso con películas de Hollywood. Creo que es posible que ocurra, que una pelicula under se convierta en una oficial ya ha sucedido con varios títulos.

lF: Pero no habría garantías de que lleguen a Blockbuster…

J.R.: ¿Y por qué tendrían que llegar a Blockbuster?

 

 
Como citar:
Doveris, R. (2009). Entrevista a Jonathan Rosenbaum , laFuga, 9. [Fecha de consulta: 2017-06-25] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/entrevista-a-jonathan-rosenbaum/23