5 X 2

Diez

Por Carolina Urrutia N.

Biografía +
Carolina Urrutia es académica e investigadora. Profesor asistente adjunto de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica de Chile. Tiene un Magíster en Teoría e Historia del Arte y es candidata a Doctor en Filosofía con mención en Estética de la Universidad de Chile. Es directora de la revista de cine en línea laFuga.cl, autora del libro Un Cine Centrífugo: Ficciones Chilenas 2005 y 2010, y directora de la plataforma web de investigación Ficción y Política en el Cine Chileno (campocontracampo.cl). Ha sido profesora de cursos de historia y teoría del cine en la Universidad de Chile y la Universidad Adolfo Ibáñez y autora de numerosos artículos en diversos libros y revistas.
 
 

En la vida las cosas no ocurren del mismo modo en que lo hacen en el cine. Desaparecen los matices, aparecen las contradicciones, los juegos, los guiños. Francois Ozon en su cine se permite el artificio y el desbordamiento, instalándose en un espacio intermedio, en donde la exploración y la hibridación de géneros da paso a cintas tornasoladas, a ratos algo infames, indirectas y otras veces íntimas, extrañamente honestas. ‘Los Amantes Criminales’, ‘Gotas de agua sobre piedras calientes’, ‘La piscina’ son películas transgresoras, donde el relato se desvincula de su curse natural y se bifurca por senderos peñascosos, manteniéndose, al mismo tiempo, instalado en un espacio intimista, corporal, emocional. El cuerpo y el deseo. El cuerpo en el cine de Ozon es siempre protagonista. La sexualidad y la muerte como ejes que permiten el juego, la interacción con el espectador, la invitación a participar del suspenso, del absurdo, de la sensualidad. Como una cita o una convocatoria, como hace a ratos Michael Haneke en “Funny Games” o también, de un modo casi opuesto, Bergman cuando nos somete a sus conflictos privados, Ozon juega con la ficción y la realidad, y en este juego, los personajes y los espectadores forman parte de un mismo grupo.

‘5 X 2’ se sale del artificio –obviando su estructura inversa en que decide, como Gaspar Noe con ‘Irreversible’, comenzar por el final- y se apoya en un argumento bastante trivial. Un matrimonio y su proceso de desgaste y desencanto: son cinco momentos importantes en la vida de esta pareja, comenzando en la oficina del oficial de divorcio que lee los términos legales de la separación. Luego de eso, la pareja va a un motel. Después de varios años casados, ella se desnuda en el baño y sale envuelta en una toalla; la extrañeza inunda la habitación, los cuerpos, los pliegues de la piel se vuelven tan ajenos como un desconocido en la calle.

Luego de este primer capítulo, Ozon retrocede. No escoge situaciones cotidianas, no nos enteramos de la rutina de convivencia, de si él tiene mal humor y ella mal aliento, o si él trabaja demasiado y la ignora. No hay explicaciones facilistas para el quiebre de la relación, sólo hay cinco momentos importantes (la boda, el nacimiento de un hijo) y en esos momentos hay gestos, situaciones que denotan algo trunco y que van instalando en cada capítulo una apesumbrada sensación de tristeza.

Si Noe en Irreversible repetía que el tiempo lo destruye todo, Ozon intenta demostrar lo contrario. El tiempo no destruye nada. El final de ‘5 X 2’ –que es el comienzo- es la postal cliché que no compraríamos. El encuentro en una playa, el coqueteo, los celos inútiles de la novia de Gilles. El filme maldito y pesimista de pronto se torna esperanzador. Directamente y mirándonos a los ojos, el director nos engaña e instala un final feliz: los cuerpos jóvenes de Gilles y Marion caminando hacia el horizonte por un mar con poca profundidad, la puesta de sol, finalmente la zambullida. Gilles y Marion tienen todo el futuro por delante. Como todas las películas que terminan en ese punto, parejas que demoran las dos horas del metraje en encontrarse para terminar enamorados frente a un sol anaranjado que tiñe el cielo mientras se hunde en el mar.

Ozon desarma el cine (y no por su relato que opera al revés), simplemente por el hecho de convertir una relación que asumidamente ha fracasado y ha decidido terminar su matrimonio, en una historia de amor con un final feliz de filme americano: el lugar común descolocado y replanteado, constatado en su futilidad.

Como escribe Fredric Jameson: El realismo no consiste en saber como son las cosas verdaderas, sino como son verdaderamente las cosas . El cine se abre para proponer posibilidades y Ozon descarada y coherentemente a lo largo de su trayectoria va explorando los modos de explotar esos mundos posibles, insertando una canción, una coreografía, un asesinato: dispositivos que fuerzan la imagen e intentan desmentirla o al menos, desmitificarla. Ozon juega a inventar como son verdaderamente las cosas. Y finalmente pareciera que en ‘5 X 2’ lo único verdadero es la zambullida. El resto, los cuatro primeros actos que conforman el inquebrantable destino -inquebrantable desde el momento en que fuimos testigos de infidelidades, ausencias, agresividades- finalmente no son más que un gran fuera de campo.

Título: Cinq fois deux

Director: François Ozon

País:  Francia

Año:  2004

 

 
Como citar:
Urrutia, C. (2005). 5 X 2 , laFuga, 1. [Fecha de consulta: 2017-06-24] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/5-x-2/156